29 de junio de 2010

Aquí el nuevo

Hola chavalotes, parece que ya además de leer ya puedo escribir, que mayor. jeje

Ante todo agradeceros el haberme enganchado de una u otra manera, a esto de correr por el monte. Unas veces al leer vuestras crónicas, otras charlando mientras compartimos caminos, senderos, etc. Gracias.

Dentro de mis posiblilidades espero aportar algo, de momento aunque sea un detalle insignificante, esa torre de vuestro (mejor nuestro cerro) que faltaba en el logo para darle ese toque de identidad que creo faltaba.

Y para despedir esta mi primera entrada, deciros a los "locos" de la Goierri, o como se llame, que estáis preparados de sobra. Habéis entrenado mucho y muy bien, mentalmente sois muy fuertes, y lo más importante es que sois "Los Locos del Cerro"

Espero poco a poco irme pareciendo a vosotros, si eso conlleva contar chistes malos habrá que intentarlo.

28 de junio de 2010

Estamos a punto

Una vez realizada la salida más larga previa a la Goi2H quisiera comentaros las sensaciones que tengo por si os sirven de referencia.
Lo primero de todo me gustaría sincerarme y pedir disculpas porque en algún momento llegué a dudar que alguno terminara la carrera. Sin embargo el sábado me di cuenta de que no sólo todos tenemos ganas sino que poseemos lo que más importa en estos recorridos: una mente fuerte y mucha capacidad de resistencia. Está claro que el final de la carrera será duro para todos y es mejor estar concienciados de ello, pero nada imposible para gente que está dispuesta a salir a última hora de la tarde y hacer un recorrido exigente sin quejarse por nada. Es cierto que el otro día cuando terminamos, las piernas estaban cansadas y que más de uno pensamos en lo que quedaba más que en lo hecho; sin embargo, también es cierto que nos faltaban 16 horas para terminar de completar el reto. Da tiempo a descansar o a terminar andando. Tenemos mucho margen.
Está claro que el grupo será el apoyo ante algo imprevisto, que es lo único que no nos permitiría acabar. En una situación normal lo vamos a lograr con cansancio pero con solvencia.
Lo único que yo corregiría es la velocidad a la que anduvimos y corrimos. No es necesario, si sólo pretendemos acabar, llevar un ritmo que a alguno nos pueda pasar factura cuando los kilómetros vayan cayendo. Es decir, podemos tener problemas musculares por habernos exigido al principio cuando no los hubiéramos tenido de ir más lentos. Creo que ahí puede estar la clave para que no haya ‘sustos’.
Vosotros diréis.

22 de junio de 2010

¿Por qué locos?

Os miraba desde lejos
y envidiaba vuestros pasos.
Constantes, firmes, decididos.
Os miraba desde lejos
y en silencio pensaba
¿seré yo capaz?.
Os miraba desde lejos
y admiraba vuestra fortaleza.
Inquebrantables espíritus de lucha,
caballos de batalla,
máquinas de lo sobrehumano,
intratables caballeros
de zancada larga
y torácica armadura.
¿De dónde sacáis la fuerza?.

Ahora ya lo sé,
os mueve la ilusión.
No hay un fin concreto,
al menos comprensible.
El movimiento es el fin
en sí mismo.
Vosotros no corréis,
os mueve la pasión.
Vosotros no sufrís,
sentís a la madre tierra.
Vosotros no desfallecéis,
transformáis la energía.
Vuestro motor es el corazón.
Por gasolina tenéis el aire.
Destino ¿quién quiere destino?

Os llaman locos,
locos porque os atrevéis
con lo que muy pocos se atreven.
Lo que no ven
es que vosotros sabéis disfrutar
de la eternidad del instante.

17 de junio de 2010

Un buen regalo

Debo de reconocer que me levanto bastante tranquilo porque no me siento presionado para terminar el MAM. Hace justo 28 días me hice un esguince de grado 2 y no tengo claro que pueda acabar la carrera. Lo malo: dos semanas en el dique seco, otra medio trotando y tres salidas de más de 15 kilómetros con dolores son un corto bagaje para lo que se avecina; lo bueno: en teoría, el fondo lo tengo y la última salida, el jueves anterior al MAM, disfruté corriendo por vez primera en cuatro semanas.
Pistoletazo de salida (es un decir claro) e inicio la subida a Bola. Noto que las cuestas no son problema para mí porque voy sin dolores y subiendo sin apenas esforzarme. Primer problema: en los pequeños rellanos que atravesamos el tobillo me duele más que ningún día lo cual me preocupa mucho.
Llegando casi a Navacerrada me llama la atención un corredor con chubasquero amarillo que anda rezongando por un problema con el material. Pienso: ‘No te queda ná’.
Arriba nos reunimos el grupo menos ppong que enfila hacia Bola.
Este tramo lo hago feliz porque veo que paso a la gente sin el más mínimo esfuerzo y sin apenas subir pulsaciones. En Bola bajo sin esperar pensando en que haré una bajada lenta. Será el principal test para ver cómo estoy realmente. Al poco de empezar tengo que recurrir a toda mi fuerza mental para no hundirme: lluvio me pasa como una exhalación y voy lentísimo. El pie me duele mucho y no consigo a veces ni correr. Intento engancharme a los que pasan lentos para que me sirvan de referencia y alimenten mi moral pero voy como un caracol. Trato de fijar mi atención en el camino y olvidarme del puñetero tobillo infructuosamente. Los pequeños repechos son un bálsamo para mí. Lo peor de todo es que, cuando llego a Cotos, lo hago con el resto de los compañeros a pesar de que he tratado de ir a tope: voy a ser una rémora y no voy a poder seguirlos. Y esto no ha hecho más que empezar.
Es entonces cuando decido que este MAM tiene que ser una prueba individual y que tengo que afrontarlo solo. No quiero que nadie espere por mí pues la decisión de correrlo en mal estado físico es mía. Pienso incluso que no podré llegar bien de forma al Goierri y empiezo a sopesar rajarme porque no quiero ir allí para no terminar.
Recurro incluso al plan B y pienso dónde puedo acortar. Comienzo a subir el Peñalara con muchas ganas, pasando a un montón de gente y sin ningún dolor. Recupero la fuerza mental y recompongo la estrategia: ahora se trata de tirar adelante con un único objetivo: terminar el MAM y demostrarme a mí mismo que puedo superar los problemas que surjan en el Goierri. Lo he hecho muchas veces cuando era montañero y sé que tengo capacidad para hacerlo de nuevo.
Curiosamente aparece de nuevo el corredor del chubasquero amarillo protestando ya cabreado por no sé qué. Es la viva imagen de la impotencia y gasta fuerzas en aspavientos.
A partir de Dos Hermanas, busco a ppong y lluvio que van por delante (el padre de Mikel ha comentado que este último nos saca 5 minutos). Conozco la zona y empiezo a extrañarme de que ninguno de los dos aparezca y para mi sorpresa me los encuentro casi en el mismo pico. Eso me da moral aunque llevo rato pensando en la puñetera bajada. En ésta otra vez me empieza a pasar gente pero esta vez ya estoy preparado y asimilo sin problemas el que me deje atrás todo el mundo. Además me he dado cuenta de que el dolor es intenso pero estable. No va a más lo que me supone una nueva inyección de moral. He decidido que voy a afrontar Cabezas: a la porra el plan B. Paso por el puerto sin apenas pararme y enfilo hacia Cabeza de Hierro con muchos dolores en la zona del asfalto, que me obligan casi a ir andando.
En los repechos anteriores al pico, alcanzo a lluvio y ppong que van muy lentos. Me da una alegría enorme y por vez primera pienso que puedo terminar el MAM aunque sea andando. Veo a ppong un poco hundido lo que me resulta extraño (yo no sabía nada de la mala semana que llevaba). Sigo adelante e inicio la subida con mucha clama pero a ritmo constante. La subida es durísima pero llevo muy reguladas las pulsaciones. Voy al 70 % de esfuerzo pensando en la horrible bajada que me queda. Me encuentro nuevamente (en las anteriores me pasó igual) con uno de los siete supervivientes, Enrique, al que conozco de algún entreno con el Tierratrágame. Le comento mis problemas y me dice que vamos hacia las 7 horas y que incluso andando lo terminaríamos. Eso me da mucha moral. Cumbreo y viene la parte peor del recorrido. Lluvio me vuelve a pasar y tengo que ir casi andando. Me parece que pierdo tanto tiempo que empiezo a mentalizarme por si me alcanzan los compañeros y me pasan. Sé que a esas alturas tendrán que seguir a su ritmo y que mi batalla es personal. Feliz en las subidas (iba incluso fresco pasando siempre a gente ya muy hundida) y casi llorando en las bajadas: eso sí, sin pensar ya en ningún momento en abandonar. Lo peor hasta Navacerrada: el pequeño tramo de hormigón con un fuerte dolor en el tobillo que me obligó a andar en algunos momentos. Lo mejor, el recibimiento de la gente del club: no tiene precio que alguien se moleste en subir hasta allí para darte dos minutos ánimos. Gracias a uge y a pablobur decido que el último tramo de bajada no lo haré andando como les había comentado sino que intentaré hacerlo corriendo a pesar de lo que me duele el tobillo. Consigo bajar con cierta solvencia hasta los últimos dos kilómetros donde me hundo un poco.
Para mí la experiencia ha sido totalmente positiva. Después de haberlo descartado, terminar el MAM ha resultado para mí un regalo inapreciable. Gracias a todos por vuestra confianza y perdón por no haber ido con el resto. Espero poder recompensaros en el Goierri.

16 de junio de 2010

A la tercera va la vencida

Llegó el día del MAM, tan esperado, 13 de Junio de 2010, un gran día. Me asomo a la ventana y amenaza lluvia, hace viento y en las cumbres puede hacer frío. Primera decisión del día: como mínimo hay que llevar cortavientos, gorra, buff y guantes. A lo mejor no me sobran dos camisetas.

Este va a ser mi tercer asalto al MAM. El primer asalto se truncó hace tres años, un mes antes de la carrera por una caída cruzando el Navalmedio. Desde luego este año no me caeré allí, ya sé por donde hay que pasar. El segundo asalto se truncó el año pasado por el esguince al empezar a bajar de Peñalara. Este año estoy menos entrenado, pero voy a terminar. Estoy decidido.

Desayuno muy generoso, ducha, vaselina, elegir ropa para antes, para mientras y para después. Continua el ritual. A las 7:00 en la urbanización del maestro Prisillas, que va a por su decimocuarto MAM, es unos de los siete megasupervivientes que quedan. Llegadas al polideportivo de Cercedilla, muy bien acompañado de los Locos del Cerro, al final estamos los siete, algunos medio convalecientes todavía: Ppong, Prisillas, Fernan, Míkel, el HermanodeAlex, Lluvio y el que suscribe. Saludos, ropero, últimos preparativos y al control de dorsales.

Entre conocidos, compañeros de club, foreros medio conocidos, amigos de algún amigo, gente con la que he compartido algún entrenamiento, etc. conozco de algo a aproximadamente un tercio de los que estamos por allí, menos conocidos que el año pasado. A los demás no los conozco y curiosamente, entre éstos predomina una estética absoluta de corredor de montaña: caras afiladas, tatuajes, algunos piercing, piel más curtida, barba de tres días, en definitiva me faltan todas esas cosas y me sobran unos veinte años para parecerme a ellos.

Tras algún homenaje y la confirmación de que no se acorta el recorrido, se da la salida. Nos avisan de 0º en las cumbres y 50 m de visibilidad, estamos a 1200 m y ahora no hay otra cosa que hacer que subir y subir y subir.

A los 4 km de empezar a correr, me adelanté un poco al grupo para hacer un pis, me adelantaron todos y ya no abandoné la última posición hasta después de meta. Al principio iba el último, pero juntos, luego nos agrupábamos en los avituallamientos y después del primer paso por el puerto de Cotos me quedé definitivamente solo, siguiendo a mi amigo Prisillas que decidió dedicar el día a cuidar de mi.

Hasta el alto de Guarramillas fuimos más o menos en lo previsto, algo más lento que el año pasado, pero bien. Arriba hacía frío. La bajada por la Loma del Noruego fue más lenta de lo que a mí me hubiera gustado, pero no iba mal y llegué al puerto de Cotos como nuevo.

Subida a Peñalara. Se me hizo muy pesada, mucho más que el año pasado. Con la niebla, no veía el final y nunca llegaba. Arriba, 3h11’, más lento que el año pasado en 10’. Bajado prudentísima por Dos Hermanas, creo que demasiado despacio y por tanto retener empezaron a montarse los cuadriceps. Demasiado pronto, sólo llevábamos 22 km. Así llegamos al segundo paso por Cotos y me encuentro realmente cansado después de 3h40’, tengo que aprender a hacer esta bajada sin cansarme tanto. Prisillas no para de darme ánimos y busca la compañía de algún cómplice más que le ayude en la subida más dura del día.

La subida a Cabezas es dura sí o sí. Prisillas se empezaba a aburrir de mi ritmo, pero aguanta como un campeón, sube, me espera, da ánimos al personal, no para. Yo sigo a mi paso, me adelantan cuatro o cinco personas y adelanto a otros cuatro o cinco. Creo que no hice una mala subida, peeeero, al llegar arriba, ALARMA, me encuentro vacío. No soy capaz de correr ni cuesta abajo. Como, bebo, descanso en una piedra y voy andando con la esperanza de que el gel y el agua hagan efecto. Prisillas se pone pesadísimo con que no me pare, pero no sabéis qué pesado (muchas gracias, amigo). Cuando se asegura de que voy a terminar, se marcha a por Luis y Míkel que van a lo lejos.

Al poco rato llego a Bola por segunda vez. Me empiezo a encontrar más fuerte, pero aún me duelen las piernas al trotar. Y de repente, SORPRESA, cuando más empinada se pone la cuesta y la gente tiene que ir andando para no rodar, yo recupero las fuerzas y bajo trotando. En el Puerto de Navacerrada me encuentro con Pablo, Uge y Chema que me dicen que Prisillas, Míkel y Luis han pasado por allí hace tres minutos. Bebo algo y relanzo a por ellos, voy adelantando a gente, pero ni les pillo ni le veo, hasta que llegando a Cercedilla se vuelven a montar los cuadriceps.

Unos metros andando, salgo del Camino del Calvario y oigo la megafonía a lo lejos. Estoy terminando, recompongo la figura, brazos en alto, aplausos. Después de 7h08’ soy un superviviente. He tardado, pero lo he conseguido.

Y me están esperando los otros seis supervivientes, locos del cerro. ¡Qué buen final de etapa!