5 de octubre de 2013

DesafiOSOmiedo

Son las dos de la mañana y sigo sin poder dormir. Me he levantado cuatro veces para ir al baño; en dos de ellas, me he tomado una valeriana y en la última he estado más de media hora leyendo un tostón para intentar dormir. A pesar de todos los intentos, sigo con la ‘rumia’. Horas antes y en el último momento, el DesafíOSOmiedo ha estado a punto de fracasar. Por una serie de tejemanejes han intentado reventar la carrera con la excusa de que molestamos a los osos a nuestro paso, cuando ni siquiera transitamos por zonas de especial protección. ¡Cómo si el resto de las mil actividades que se hacen a diario no influyera! ¡Cómo si los corredores de las Ultras fuéramos gritando mientras corremos o andamos! Bastante tenemos con jadear…
Subiendo al Cornón en plena braña de la Pornacal
El caso es que nos han reducido en poco más de 20 kilómetros la carrera pero a cambio sólo podremos acabarla en 14 horas y media y no en las 22 previstas. Para mí el trueque es un mazazo. Supone replanteármelo todo  a última hora: tengo que ir forzando pero sin arriesgar a reventar. Imposible plantearme un abandono: el esfuerzo para llegar en forma al Desafío ha sido demasiado grande y doloroso para terminar diciendo que no he acabado la carrera por muy fundados que sean los motivos. No estoy dispuesto a tener que pasar por el mal trago de contar una y otra vez lo injustas que fueron las circunstancias de mi fracaso. Un último mensaje de Alberto al móvil diciéndome “Aupa que tú eres grande” me hace darme cuenta de que tengo la moral por los suelos. Tantos entrenamientos, tantos sufrimientos, tantísimas horas de monte para estar así. Por eso no duermo, por eso trato de descansar pero planifico de nuevo todo. Tengo que llegar con tiempo a los primeros controles para lograr un colchón suficiente por si surgen futuros problemas. No me puede pasar lo de la última Madrid-Segovia. Debo alimentarme bien en las paradas, cargar agua suficiente, no tomar nada nuevo que pueda revolverme el estómago… Para el último control, justo a siete kilómetros de meta, tenemos sólo media hora…  No es extraño que los nervios afloren.
Me levanto destrozado a las 3:50, me tomo mi descafeinado con leche y mi buena ración de bizcocho, sin hambre alguna, y completo el ritual del resto de las carreras. Amedrentado me dirijo al autocar que nos llevará a Villar de Vildas donde tras una larga (para mí eterna) espera, comienza la carrera a las 7:00.

Llegando al Puerto 
Para comenzar, nos esperan 1300 metros de desnivel en poco más de diez kilómetros. Primer cambio en mi estrategia: me dan igual las rampas; mientras no sean muy fuertes corro cuesta arriba porque no me puedo permitir el lujo de regalar minutos. Lo bueno es que por fin me relajo concentrándome sólo en la carrera; pongo mis cinco sentidos en ello como hago siempre en este tipo de recorridos. Comenzamos con frontales aunque por poco tiempo. No ha pasado ni media hora cuando ya no son necesarios. El mío ni siquiera lo he sacado del macuto pues el primer tramo es una pista y no hay peligro de caerse. Cuanto más subimos más bello es el reguero de corredores entre un terreno cada vez más escarpado. Una enorme serpiente de colores repta montaña arriba. Recuerdo la misma serpiente iluminada cuando hice la GOI. Es algo único. Si uno entorna un poco los ojos y la mira, parece moverse. Voy pasando siempre a gente aunque a mí también me supera algún corredor. La subida es dura porque siempre te parece que la loma siguiente va a ser la última lo que hace imposible tener una referencia clara desde el principio. Regulo al máximo para no tener desfallecimientos.  Completo la subida contento aunque la alegría dura poco. En la bajada comienzan los problemas: voy fatal, no tengo confianza en las pisadas y corro lento. En un terreno favorable no consigo ir rápido al tiempo que el estómago se me hace un nudo afectado sin duda por la mala noche y los malditos nervios. Los síntomas me recuerdan la retirada de la MAGOVIA lo que me hace que mi moral se hunda en un mar de dudas. Mi amigo Antonio me pasa sin que yo me dé cuenta y saber que voy entre los primeros 60 cuando pensaba que iba muy atrás es una pírrica alegría.
Subida hacia El Lago del Valle y la Farrapona
Al llegar al Puerto le comunico a Arantxa mis deseos de dejarlo porque me encuentro fatal… ¡Qué bueno es que la gente te apoye cuando vas hundido! En un momento clave, su contestación me hace volver a la realidad, muy alejada de aquella que ha ido dibujando mi cabeza. Me da una manzanilla que resultará milagrosa. Recargo bebida y tranquilamente afronto la subida al Collau Muñón entre una bellas praderas de hierba. Progresivamente paso del hundimiento a la euforia: me encuentro bien, sigo fuerte en las subidas y las molestias de estómago han desaparecido. Ahora se trata de dejarse llevar. Pasado el Collau la bajada en principio técnica se hace una pista cómoda en la que comienzo a marcar un buen ritmo. Me uno a otro veterano y juntos vamos recogiendo corredores que se van incorporando hasta llegar al Valle del Lago. El veterano corredor es consciente de lo rápido que hemos hecho ese tramo cuesta abajo;  todos callados, pero todos juntos. Me felicita por haber marcado ese ritmo aunque he de reconocer que al final las piernas notaban ya el esfuerzo.

Nuevo control, nueva manzanilla, recargo bebida, sales, como un poco más consistente. Arantxa y mi cuñada me informan de la carrera y me animan. Han pasado diez rápidos kilómetros y ahora sólo pienso en seguir acumulando tiempo por lo que pueda pasar. Comienza ahora una lenta sucesión de montículos que nos llevará siempre subiendo hasta la Farrapona. Para mí es el tramo más bonito de la carrera pues en poco tiempo te vas a adentrar en dos de los valles que más me gustan de Somiedo salpicados por varios lagos.
El calor aprieta. Poco a poco voy dándome cuenta de que el agua se me está acabando y de que no voy a llegar al puerto con la que tengo. Soluciono el problema con facilidad gracias a que una de las personas que está por la zona me rellena el bidón. Agradezco mucho su solidaridad porque una deshidratación a estas alturas puede ser determinante. Inicio la subida a Camayor con fuerzas de sobra (sigo trotando excepto en las subidas) y atravieso el valle que, en altura nos lleva hasta los lagos de Saliencia, cercanos ya a la Farrapona.
Lago Cerveriz, cercano a la Farrapona
Allí me siento, como de nuevo, bebo otro sorbo de Coca-Cola (nunca más de dos dedos porque si no me deshidrataría) y me doy cuenta de que la distancia que me queda la podría hacer andando sin entrar fuera de control. Con esta alegría afronto la subida más dura del día, no tanto por el considerable desnivel como por el terreno, entre piornos altos por los que apenas podemos pasar los corredores. La gente comienza a enlentecer su marcha por lo que paso a varios corredores ya que mis piernas siguen estando bien y me encuentro con muchas fuerzas. Al final de la subida bajamos por un cresterío y enfilamos el descenso hacia el pueblo de Saliencia. Me vuelvo a encontrar torpe en el terreno más técnico pero muy bien cuando sólo se trata de correr.
A punto ya de llegar al pueblo voy haciendo mis cálculos: las piernas me responden, me encuentro muy bien de pulsaciones, ningún problema físico a la vista y me quedan poco más de 8 horas para completar algo más de 20 kilómetros. Ahora sí estoy seguro: lo he conseguido. Ya no tengo ninguna duda. No puedo evitar que se me salten las lágrimas mientras las imágenes de los últimos meses llenos de esfuerzos, sacrificios, dudas, rematados por un último día de desesperación, se suceden vertiginosas. Aprieto el puño y lo agito en el aire como un verdadero demente… lleno de felicidad. Ahora, de repente, todos los pasados esfuerzos parecen insignificantes en comparación con este inmenso regocijo. Por eso no puedo evitar emocionarme.
El albergue de Saliencia es un oasis. La gente es consciente del esfuerzo que llevamos a esa altura y te animan y ayudan con alegría. Me salgo del guión y me arriesgo con un arroz con leche que me sabe buenísimo. Además, al contrario de lo que le ocurre a Santi Obaya en ese mismo control, a mi me sienta de maravilla. Con la seguridad que da saber que sólo queda completar el recorrido afronto la subida a la Braña de la Corra. El calor es sofocante por lo que se empiezan a ver los primeros problemas serios de deshidratación entre la gente. En ese sentido me he cuidado mucho de ir bebiendo sales para evitar los calambres por lo que hasta ahora apenas he notado algún pequeño síntoma que he ido solucionando a base de beber más cantidad. Un pequeño pilón cercano a unas brañas es el punto de reunión de varios corredores que llenan sus bidones con desesperación e improvisan un baño rápido. En la braña nos ofrecen sidra pero sólo soy capaz de sonreir…
Bajada a Arbeyales

La bajada de Arbeyales, que ya conozco porque la he hecho esta primavera con una abundante nevada, resulta mucho más dura de lo que imaginaba. Demasiado empinada y demasiado técnica para la altura de carrera a la que estamos. No hay ni senda y el terreno se mueve al tiempo que nosotros. Un pequeño tropezón me hace rodar de la manera más tonta golpeándome el codo. Me duele más el verme las manos sucias por el polvo negruzco que la rozadura sangrante. Poco antes he tenido un amago de esguince que me ha dejado el tobillo muy inestable.
En este descenso, a pesar de lo mal que lo hago, no me pasa nadie sin duda porque las fuerzas comienzan a flaquear. En Arbeyales tengo la suerte de poder lavarme en una fuente que está al lado del control. En esta zona caliza el paisaje es impresionante y abrupto. Vamos bordeando un camino abierto entre piornos cuyos tallos recién cortados dificultan el paso y añaden un punto de dureza en el peor momento de la marcha. Pero ya sólo pienso en la última subida del día, que nos llevará a Valle del Lago de nuevo pero esta vez por el lado contrario al que llegamos por la mañana. La conozco perfectamente: se trata de una pista muy dura por la que subo andando a un ritmo fuerte y constante. Casi al final de ella paso a dos corredores jóvenes que van bastante tocados. En el control, cargo un poco de agua y prácticamente no paro. Tengo muy claro el final de la carrera. Tanto, que cometo un error de bulto.

Mi intención es tomarme el único gel del día mientras bajo los 7 kilómetros que me llevarán directamente a Somiedo. Quiero hacerlos a buen ritmo por lo que no vacío el gel de golpe sino que lo voy consumiendo poco a poco. Por otro lado, tiro las sales que me quedan y parte del agua para ir más cómodo. Conozco bastante bien ese tramo ya que lo he hecho varias veces por lo que bajo bastante ligero llegando a pasar a varios corredores. Uno de ellos se une a mí y aprovecha el tirón que doy. Pero por desgracia, a falta de dos kilómetros y sin duda debido a mis descuido en el tema de las sales, noto por primera vez en el día un tirón en el abductor que se repetirá en ambas piernas en cuanto paro… Casi diez minutos me cuesta volver a correr con soltura durante los cuales cinco corredores me pasan lo que ya no deja de ser para mí una simple anécdota mientras llego a Pola donde las sensaciones son maravillosas. Mucha gente que me conoce me anima, me apoya, me gritan,…atrás queda todo lo malo pasado, todas las dudas, todos los sinsabores, todos y cada uno de los esfuerzos vividos. Estas sensaciones son tan fuertes y tan intensas que nada puede con ellas… Lo he conseguido, lo he conseguido….

7 comentarios:

  1. Es interesante ver aquello que pasa por la cabeza del que corre cuando desde fuera no se tiene ninguna duda al respecto del éxito final. Sabemos que aunque parezca fácil eso que haces su dificultad es más que importante, y valoramos tu hazaña como se merece. Eres grande Biritxo...

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  2. Que duro enemigo puede llegar a ser nuestra cabeza, toda una magnífica preparación se ve comprometida por ese cambio de última hora que crea una brecha en tu coraza.

    Eres un gran veterano y supiste muy bien como protegerte y tirar hacia adelante.

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  3. Mikel yo sé que llega un momento en el que te das cuenta de que tienes capacidad para acabar este tipo de carreras pero creo que es un error grave no darles la importancia que merecen. Las dudas siempre nos ayudan mucho a tomar precauciones y a no menospreciar ni la distancia ni los desniveles. Si damos por hecho que la acabaremos podemos sufrir mucho más de lo que pensamos. Tu creo que sabes por experiencia que el hecho de haber acabado tres veces la Madrid-Segovia no implica que no te debas tomar muy en serio el hacerla.
    Y luego están las sensaciones del día en concreto. Hay veces que el cuerpo por lo que sea no funciona y debes utilizar todos los recursos a su alcance. Muchas gracias por la confianza.
    Halfon ya sabes que la cabeza es muy importante y que te puede jugar una mala pasada. Si no va bien o no logras autoconvencerte es muy difícil seguir. Por eso ayuda mucho que alguien desde fuera rompa ese círculo vicioso... siempre y cuando sea posible, claro.

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  4. Que grande eres Fernán, te veo fino, cuando te vi en Agosto vi que andabas bien preparado, aunque no paré ahora con vosotros sigo al tanto de vuestras hazañas, felicidades champion!!!!

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  5. Buena crónica.
    Creo que muchos nos podemos sentir plenamente identificados con ese carrusel de emociones que se producen a lo largo de una prueba de ultradistancia. Ese paso por euforia, desánimo, emoción... Entiendo perfectamente esas lágrimas furtivas que asoman cuando vemos que a pesar de todas las dificultades va a ser que sí, vamos a ser capaces de sobreponernos y vencerlas.
    Esta prueba de Somiedo es muy atractiva. Si continua celebrándose puede ser un referente a nivel nacional. Muy interesante tu experiencia para todos nosotros.
    Finalmente sólo me cabe felicitarte por ser capaz de vencer los obstaculos previstos e imprevistos, por derrotar al peor de nuestros enemigos muchas veces. Nuestra propia cabeza.
    ¡Enhorabuena Biritxo!.

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  6. Sinceramente Biri, ¡he sufrido leyendo la crónica! He llegado a sentir los nervios que tenías desde el principio de carrera, y el hecho de cambiar la hora a tan tempranas de salida seguramente no es un tema nada agradable.
    He notado muchas dudas, demasiados nervios en tu crónica mencionas que en carrera te evadieses de los nervios… creo que no estabas a tu 100% pese al buen resultado.
    Pienso que necesitabas esta meta y creo que te has exigido mucho, has intentado hacer todo bien y creo que sólo has cometido un error que es el que tú mencionas. Los nervios no son un error, sino una consecuencia de las enormes ganas que tenías a esta carrera y que a veces causan malas pasadas.
    La ayuda de Arantxa creo que ha sido esencial para finalizar ésta carrera, es la caña.
    Decirte que me alegro un montonazo de tu éxito, creo que te estás forjando como un corredor que puede obtener muy buenos resultados en muchas carreras punteras. Me siento orgulloso de compartir kms contigo y espero poder también disfrutar de algún ultratrail en equipo (aunque sea a ritmos distintos).
    Bravo.

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  7. Esteban se te echa de menos. A ver cuándo te animas y te apuntas con nosotros..
    Prisi sin duda en estas carreras la cabeza es una losa cuando no va bien y, aunque todos lo sabemos, no terminamos de dejar de caer más de una vez en el desánmo. A veces pienso que el resultado incierto es lo que las hace tan atractivas...
    Gontxu a mí se me hace muy difícil "ir a por algo" en este tipo de recorridos. Sólo lo hice una vez y me salió mal. Mejor es ir a hacerla y si cae alguna cosa, a disfrutarlo.

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