Acostumbrado en los últimos tiempos al trote cochinero, el mes de febrero ha resultado especialmente satisfactorio. Tengo que reconocer que, a pesar de mis reticencias y de mis pocas ganas, el cambio de ritmo que sufrieron mis entrenamientos para poder hacer un papel medianamente digno en La Tragamillas ha resultado positivo.
Y es que, por H o por B, no había corrido desde el paso por la media maratón del MAPOMA pasado. La preparación para el MAM, la GOI, las vacaciones de verano y sus calores, la Madrid-Segovia y la falta de objetivos invernales, habían hecho habitual ese ritmo lento, pesado y cómodo, tan cómodo que ha sido difícil desprenderse de él.
Una vez pasado todo y tras un mes "corriendo" puedo decir que he recordado esos momentos de agonía en los que tu cuerpo dice basta, esos dolores musculares que había olvidado, esa satisfacción tras el esfuerzo. Además, he ganado algo de peso, quisiera pensar que muscular, y sobre todo, bastante fuerza.
Ahora, en espera de ese MAM/GTP, hay que volver a cambiar ese chip, volver a ir más lento y más lejos. Estoy encantado porque es lo que de verdad me gusta, pero creo que, de esos cuatro entrenamientos que pretendo hacer a la semana, reservaré uno de ellos para darle algo de caña al cuerpo. Me vendrá bien.
10 de marzo de 2011
8 de marzo de 2011
La Tragamillas 2011
Es difícil meterse en una carrera cuando los objetivos para la misma se desvanecen con la sobrecarga muscular de tu amigo. Los días previos se llenaron de dudas, no me apetecía para nada sufrir para rebajar unos cuantos segundos un tiempo que no lleva a ningún sitio, pero por otro lado me daba algo de rabia desaprovechar un mes de duros entrenamientos, en los que he corrido más rápido que nunca. Dejar de hacer largas tiradas por el Cerro es duro, pero hacerlo para nada…
En estas estaba, charlando con PepeDespacio, cuando sonó el pistoletazo de salida, salgo muy tranquilo, pegado a la acera derecha en espera de encontrarme con la familia, muchos me pasan, otros quedan atrás, lo típico de esas salidas donde nadie se coloca donde debe. Pasada la primera rotonda veo a los niños gritando emocionados, me gusta.
Esa cuesta es una de las grandes paradojas de la carrera, es curioso darse cuenta de que en la salida no existe y cuando llegas a ella en el kilómetro 20 se hace muy dura a pesar de no llegar a las zonas complicadas de la misma.
Sin darme cuenta llego al primer kilómetro, varios metros por delante veo a Prisillas y Lluvio con el globo de 1:40, mientras pienso que me quedo con ellos veo como Ppong se adelanta un poco y decido irme con él, el ritmo que lleva me resulta muy cómodo y no se me ocurre mejor compañero de viaje.
Y creo que acerté, la verdad es que es una carrera en la que he aprendido mucho, sobre todo en cuanto a control del ritmo, gestión de los desniveles y ahorro de energía. No es Pepe hombre de muchas palabras cuando corre, no fuerza el ritmo subiendo ni parece que lo haga bajando, siempre está ahí. Como decía él el otro día, me pasé 18 kilómetros mirándole por el rabillo del ojo, intentando darle una ayuda que en ningún momento necesitó.
Desde el kilómetro 12 acompañamos a Melchor y su globo de 1:30 hasta el 18, en el que intenté llevarme a unos cuantos por delante para que pudieran bajar de dicha marca, fue en ese momento donde me di cuenta de otras dos cosas. La primera es que a pesar de haber sentido que iba sobrado todo el camino las fuerzas no estaban intactas, recordaba con alegría esos tres últimos kilómetros a menos de 3:30 junto a Fernan la semana anterior que no se pudieron repetir. La segunda es que para llegar antes que Ppong hay que atacarle a un par de kilómetros de la meta, si no hubiera tirado para adelante siguiendo órdenes de Melchor, con su ritmo tranquilo y su sprint final me hubiera machacado sin piedad, cosa que no hizo porque la carrera no tenía doscientos metros más, claro que, tampoco me hubiera importado mucho.
En resumen, gran carrera en la que pude bajar de nuevo de una hora y media sin hacer un esfuerzo excesivo y de la creo que he sacado y aprendido muchas cosas positivas. Ahora toca disfrutar del monte.
15 de febrero de 2011
La Tragamillas
Me había negado a hacerlo, había pensado que este año no bajaría al asfalto, quería evitar sufrir para lograr un tiempo mediocre en un tipo de carrera que no me llena. Recuerdo con nostalgia aquella primera media maratón en Ávila, un gran reto al que enfrentarse, fueron una hora y cuarenta y siete minutos de felicidad, muy tranquilo al principio, tal vez demasiado, y disfrutando y corriendo como un loco a partir del kilómetro nueve.
Unos años más tarde, las medias no me llaman, reconozco no haber corrido ninguna de las clásicas, no he trotado por el frío de Getafe ni sufrido en las cuestas de Fuencarral, no se me ha ocurrido correr la media de Madrid y Santa Pola está muy lejos.
Pero es “la Tragamillas ”, nuestra carrera, esa a la que mis compañeros de club y yo mismo dedicamos un tiempo que no tenemos para que salga bien y todos los corredores acaben contentos, cada uno aporta su granito de arena, unos playas enteras y otros, entre los que me incluyo, pequeños parques infantiles. Una carrera muy especial porque se corre en las calles de mi pueblo, porque según pasan los kilómetros encuentras conocidos en cada esquina, porque toda la familia está pendiente, porque a Fernando le hace muchísima ilusión hacer un 1:28, porque este año homenajeamos a un compañero que no la podrá volver a correr, porque… son tantos los motivos que al final he decidido que habrá que batirse el cobre y sentir de nuevo como las pulsaciones se elevan y como los kilómetros pasan despacio a pesar de no haber ido nunca tan rápido.
9 de febrero de 2011
Dedicatoria
Porque cincuenta años no son nada excepto el motivo para sentir alegría por lo vivido, dejo aquí una humilde dedicatoria de uno de los grandes poetas contemporáneos a modo de regalo:
Madrigal
Palabra, dulce y triste persona pequeñita,
dulce y triste querida vieja, yo te acaricio,
anciano como tú, con la lengua marchita,
y con vejez y amor aclamo nuestro vicio.
Palabra, me acompañas, me das la mano, eres
maroma en la cintura cada vez que me hundo;
cuando te llamo veo que vienes, que me quieres,
que intentas construirme un mundo en este mundo.
Hormiguita, me sirvo de ti para vivir;
sin ti, mi vida yo no sé lo que sería,
algo como un sonido que no se puede oír
o una caja de fósforos requemada y vacía.
Eres una cerilla para mí, como ésa
que enciendo por la noche y con la luz que vierte
alcanzo a ir a la cama viendo un poco, como ésa;
sin ti, sería tan duro llegar hasta la muerte.
Pero te tengo, y cruzo contigo el dormitorio
desde la puerta niña hasta la cama anciana;
y, así, tiene algo de pálpito mi puro velatorio
y mi noche algo tiene de tarde y de mañana.
Gracias sean para ti, gracias sean, mi hormiga,
ahora que a la mitad de la alcoba va el río.
Después, el mar; tú y yo ahogando la fatiga,
alcanzando abrazados la fama del vacío.
Felix Grande
3 de febrero de 2011
Divagaciones de un día cualquiera...
Jueves. Suena el despertador, no hay alarma, solo música. La canción es “I’m yours” de Jason Mraz. Intento quitarme el sueño de encima con agua fría y café caliente. Vistazo rápido a las noticias, arde el museo de El Cairo. Tristeza. Siempre aplacé esa visita y ahora ya es tarde. Recuerdo de oportunidades perdidas.
Mi trabajo puede ser terrible. En el día más tranquilo puede surgir lo peor. Cáncer no es la peor palabra que puedes encontrar. Temo mucho más a otra, desconocida por muchos: Recidiva. Acabo de escucharla. Rabia. Injusticia. Quien ha luchado y ha vencido no debería sufrir más. El tiempo se acaba y las cosas por hacer no tienen fin. Recuerdo de oportunidades perdidas. Recuerdo de un amigo que lo está pasando mal.
Son las doce de la mañana de un día cualquiera. Te das cuenta de que además de maravillosa, la vida puede ser muy cruel. Es una carrera de fondo. En el nacimiento está la salida y paso a paso nos acercamos a la meta, que será nuestro final. Creo que me gustaría que mi carrera fuera la Madrid-Segovia. Entre otras cosas porque es larga. Es además tranquila. Poco a poco hacia arriba. Bajando al llegar al final, pero acabando a media altura.
Y me pregunto, ¿Cuál sería vuestra carrera?
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