Tercer maratón en ruta en el zurrón. Segundo Mapoma. Mismo tiempo, muy distintas sensaciones. Confirmación de que la preparación mental es muy importante de cara a estas citas.
Por ello, en lo personal, estoy contento. Esta vez, al igual que en la Madrid-Segovia , aunque allí conté con la gran ayuda de Fernan, he sido capaz de salir de los distintos pozos en los que iba cayendo, de evitar las trampas que mi cerebro preparaba para evitar un sufrimiento innecesario.
Hace un año, en aquellas cuestas llegando a Atocha, descubrí la épica del maratón, este año, en esas mismas rampas, con el peso de los kilómetros y el lastre de los recuerdos de la experiencia anterior, he logrado superar los momentos difíciles y llegar a meta con la satisfacción del objetivo cumplido.
Ha sido un gran entrenamiento de cara a lo que nos espera.
Pero miremos también las partes negativas. La primera y la que más me duele es el haber “abandonado” a Luisito en el 37… bajé el ritmo cuando me di cuenta de que le costaba seguir, me mantuve un par de metros por delante, de repente al girarme no estaba, pensé en parar pero sabía que quedaba en buenas manos y que volver a arrancar resultaría muy difícil. Seguí adelante. Lo siento Luis.
La segunda es el avituallamiento, el primer gel me sentó como un tiro, y aunque luego me recuperé, el maratón dejó de ser un agradable paseo.
Para terminar con “lo malo” hablar de esos cuatro kilómetros, del 37 al 41, que se atragantaron, superados pero con un gran bajón en el ritmo que llevaba hasta entonces. Creo que me vino bien para sufrir un poco, encontrar esa épica maratoniana y saber y pasar por lo puede ocurrir en muchos momentos del GTP, pero me preocupa de cara a la preparación de un maratón como objetivo y no como entrenamiento. Habrá que pensar en ello.