17 de mayo de 2012

Y llegó el momento.

"Ezequiel vio la rueda" (algunos recordarán una serie que en mi juventud comenzaba así) y yo hace un buen puñado de meses me imaginé, vi, a un grupo de amigos afrontando un reto formidable.
La cosa no era otra que la de coincidir todos en una fecha elegida para disfrutar de una ruta exigente y disfrutar de los paisajes, del esfuerzo, del compañerismo, de la amistad.... partiendo de una experiencia inolvidable y similar vivida por mi hace unos años. Con sus particulares matices.
Pero la verdad es que el verdadero reto en si es sacarlo adelante, vencer la indolencia, el conformismo o el desánimo. Estar hoy a poco más de 17 horas de que comience la aventura con el propio viaje como punto de partida me llena de orgullo. Por la acogida al proyecto. Por el trabajo realizado en diseño de logos, mapas, entrenos, etc por todos vosotros y personalmente, por haber sido capaz de transmitir en ocasiones el empujoncito necesario para relanzar las ilusiones.
A partir de mañana vamos a vivir un puñado de horas mágicas, con mejores y peores momentos. Con cansancio, con climatología adversa o benigna. En muchos momentos miraremos para nuestros adentros y saborearemos cada gota salada de sudor de forma íntima. En otros mirarémos al lado y encontraremos alguien con quien merece la pena pasarlo bien y pasarlo mal. Y nos emocionará.
Ahora sólo queda disfrutar. No esperar nada, sólo vivir cada momento, adaptarse a lo que la naturaleza y las circunstancias nos traigan. El trabajo, que es llegar hasta aquí esta hecho.
Sois grandes. 
Nuestra aventura nos espera.

13 de mayo de 2012

Hoy no es un entreno más.

De lo que se pensaba un sencillo entreno se ha convertido en una preciosa ruta con unos compañeros de lujo acompañado por un tiempo excelente para disfrutar por la montaña.

Desde el parking de la Dehesa de Villalba (en frente del tanatorio) no dirigimos al parking de la Barranca Alberto (Lluvio), Dioni y yo con intención de encontrarnos con Rafa (RafaGT). Éste último se incorpora al entreno después de una excelente carrera en la vuelta a la Jarosa disputada el día anterior y quedando entre los primeros de carrera.
Gonchu, RafaGT, Lluvio y Dioni en Maliciosa.
Gonchu, Rafa, Lluvio y Dioni.
Después de las merecidas felicitaciones a Rafa en el parking de la Barranca y comprobar que está casi mas entero que nosotros y sin molestias comenzamos el ascenso dejando a un lado el Embalse del pueblo de Navacerrada y el embalse del ejercito del aire pasando por el Parque de aventura de pino a pino.
El clima es fresco y no muy frío, el monte está verde y la vida despierta poco a poco entre las rocas dejando asomar la escondida vida que no se muestra durante el invierno para disfrutar su belleza de la primavera a cada paso que vamos dando por un camino cobijado entre altos pinos y excelente compañía.

Rafa GT
RafaGT
Intentamos localizar el camino marcado (PR M 26) saltando un arroyo con bastante caudal que arrastra vida monte abajo y entre risas, comentarios y alguna burrada de las nuestras alcanzamos la senda de Alakan llegando a la Fuente de la Campanilla donde nos encontramos con un colega del club Tierra Trágame que se refrescaba para hacer nuestro mismo camino.
Fuente de la Campanilla
Fuente de la Campanilla.

Charlamos y nos despedimos, tomamos dirección del Km vertical por la vertiente del Regajo del Pez mostrándonos a continuación una pequeña senda de rocas sueltas que asciende duramente y comienza a albergar piedras que aumentan su tamaño según ascendemos haciendo una dura ruta de subida. Pierdo de vista por un momento a Rafa y Alberto que suben fuerte pero continúo mi ascenso constante controlando que Dioni no se desmarque mucho atrás ya que éste jabato entrena resfriado y con parte de la Pedriza ayer en sus patas.
Entre roca y roca compruebo que desde los Riscos de la Malicosa nos divisan expectantes un grupo de cabras montesas con fuertes cornamentas. Intentaré que mi ascenso sea digno y les dedico una subida con zancada amplia y segura. Me veo bien.
Alcanzamos el Collado del Piornal y nos tiramos unas merecidas fotos, unas risas y un poco de recuperación.
Gonchu culminando Maliciosa.
Gonchu culminando la Maliciosa.
Decidimos subir a la Maliciosa ya que la tenemos prácticamente a tiro, y entre un agradecido viento fresco me coloco el Buff al cuello para evitar algún resfriado. Alcanzamos relativamente pronto los 2.227m de la Maliciosa y en el punto geodésico tiramos fotos y dedicamos un tiempo para observar las preciosas vistas que nos muestra este pico.

Emprendemos la marcha dirección Bola, con una rápida y cuidadosa bajada controlando las picudas piedras que se muestran discretas y a su vez amenazantes en el blando terreno que tenemos por los días de nieve pasados. La subida se observa dura pero "disfrutona", me veo bien y asciendo sin prácticamente echar a andar observando a Alberto y Rafa mas o menos de cerca. Culminamos Bola del Mundo (Alto de la Guarramillas) en sus más que respetables 2.265m con buenas sensaciones y una temperatura de lujo, comprobando que la nieve caída hace pocas semanas ha desaparecido casi en su totalidad.

Lluvio, Dioni, Gonchu y RafaGT (izq a der).
En Bola del Mundo.
Decidimos bajar por la calzada donde asciende la vuelta ciclista controlando no exceder el ritmo ya que machacar las "patas" en exceso podría ser un error después. Nos desviamos por el descenso del Ventisquero de la Estrada bajando vertiginosamente para alcanzar rápidamente la senda de la Tubería.
Comprobamos que Dioni se comporta, pero va sufriendo y pienso que bajar el ritmo será adecuado para que no acabe muy jodido y dejo a Alberto y Rafa que desciendan sin seguir "algo" de su fugaz rebufo de bajada.
Por las Cabrillas la humedad es considerable y compruebo que prácticamente me he "pimplado" el agua (pienso en alto en nuestros compañeros Fernan, Mikel y Luis que andaban por Sierra de Hoyo deseando que el calor no les estuviese castigado mucho). Agradecemos las zonas sombreadas, ya que estas zonas almacenan un escaso "frescor" creando un microclima que saboreamos en milésimas de segundo esperando al siguiente para que el calor no nos castigue lo mas mínimo por esta preciosa senda de la Tubería.
He perdido de vista a Rafa y Lluvio y evito no resbalar con la oxidada tubería y roca suelta, y a lo largo del camino comprobamos que los domingueros nos observan con caras de asombro como si de monos naranjas nos tratásemos, y el tráfico humano (escaso en otras épocas del año) y algún que otro ciclista con la bici a cuestas nos saluda sin mucha fuerza en su voz.
Sufriendo un poco comprobamos que los de cabeza están disfrutando de las preciosas vistas del Mirador de las Canchas charlando con los numerosos paseantes que aprovechan el descanso en esta zona (les falta un daiquiri en la mano). Tengo que beber y me ofrecen mis compañeros amablemente con su escaso agua pero es necesario ya que tengo mucha sed, éste será seguro el último trago hasta finalizar.
El calor aumenta según bajamos, pero al desviarnos por el Camino Ortiz disfrutamos de las sobras que los altos pinos nos ofrecen. Las piernas ya van doliendo y el estar casi una semana parado por un proceso vírico se nota, sudo la "carbonilla" y Dioni aguanta mi ritmo como un jabato.
Cada vez hay mas gente haciendo trekking y alucinamos con tanto personal que comienza la ruta a estas tardías horas para nosotros, y entre saludo y saludo y esquivando con desconfianza algún que otro perro con el rabo levantado nos encontramos al final del camino Ortiz a Rafa y Alberto que nos esperan aplaudiendo y animándonos (que grandes, se agradece, ¡ les faltan los pompones ! :-).
Ya desde aquí corremos juntos para finalizar la ruta hacia el parking de la Barranca comentando y proyectando en nuestras mentes la rica cerveza que nos espera cuando lleguemos a casa.

El parking esta lleno y observo mi garmin; "02:13:00", tranquilo y bien, !Esta ruta ha sido preciosa!
Saco buenas conclusiones y preciosos fotogramas grabados en mi memoria y algunos en mi móvil con cámara.
Nos despedimos del enorme y fortísimo Rafa y emprendemos la bajada (ya en coche) alejándonos de un entorno que hoy me ha conquistado y que creo que hemos sabido disfrutar.

Volveré, te lo aseguro y si puede ser con mas compañeros, y sino es así nunca olvidaré el día de hoy.


8 de mayo de 2012

Y por fin, la mitad del CUT

Tras dos semanas de competición, ahora tocaba disfrutar de un ‘paseo’ por el monte.

¡Qué mejor compañía que Prisillas, mi sempiterno camarada!

¡Qué mejor lugar, la tierra asturiana en plena primavera!

Marisa nos ha hecho un gran favor y nos ha subido al puerto de Leitariegos, una larga y sinuosa serpiente de asfalto que divide dos mundos: la extrema Castilla y la lluviosa vertiente asturiana.

Las lluvias del día anterior, como me temía, eran una copiosa nevada que supondría un doble esfuerzo: el de seguir un camino que se había convertido en un manto blanco indescifrable y el correr, más bien andar, sobre una mediana capa de de nieve.

Hace fresquito de invierno de modo que no sé si a mi primer error (me he dejado la comida en casa y tendré que ‘tirar’ sólo con dulce), sumaré un segundo porque he elegido manga corta, chaleco y manguitos, insuficiente para quitarme el frío.

A mis inicios, siempre duros hasta que el cuerpo se va acostumbrando, tengo que añadir el sobreesfuerzo de caminar o correr por nieve virgen. La magia de los copos desaparece pasado un tiempo con el vigor y el sacrificio.

Pronto alcanzamos la carretera y llegamos a Brañas de Arriba, el pueblo por donde la cruzaremos y enlazaremos con un camino que nos llevará paralelos al río hasta que lo crucemos. Nuevos problemas: al atravesar el pueblo nos salen dos mastines y nos obligan a retroceder. Pierdo los papeles porque ya son tres ataques de mastines en menos de un año. El último fue tan traumatizante (pasamos cerca de un rebaño y se nos tiraron diez) que no consigo conservar la calma delante de ellos. Prisi me pide tranquilidad pero no le escucho y me lío a tirar piedras como un poseso. Volvemos por nuestros pasos y los próximos kilómetros serán ya de carretera. Todo no es malo porque ahora puedo apreciar en toda su extensión la belleza de este largo valle.

Por algún lugar leí hace tiempo que los esquimales eran capaces de nombrar más de doscientas clases de nieve, según sus características. Al ver tal gama de verdes, me parecía increíble que en zonas como ésta no se hubiera llegado a la misma discriminación léxica: cada parcela, cada sembrado, los distintos árboles, los musgos, las zarzas,… cada uno tiene su propia y singular tonalidad. Todo ello suavizado por la tardía primavera. Un espectáculo impresionante. Poco más adelante y guiados por un par de paisanos, ya comenzamos a ver al fondo, muy al fondo, el río que tendremos que atravesar, sonoro y abrupto, joven e impetuoso por las nieves en pleno deshielo. El desnivel sobrecoge. Ya se distingue justo en frente la enorme pendiente que tendremos que superar una vez pasado el arroyo. Se trata de una sucesión interminable de zetas que se van ampliando cuanta más altura alcanzan. Impone pensar en cómo estarán las piernas al final de la cuesta y, mucho más, pensar en que no llevarás mucho más de catorce kilómetros hechos.

Nuevo mastín, aunque enorme menos amenazante, y comenzamos una durísima subida sin ningún tipo de descanso. A un exigente repecho le sucede otro mayor. Josema sube rápido. Parece que estamos compitiendo. Noto un tanto cargadas las piernas pero sigo con él. A media cuesta me pide que me pare para hacerme una foto. ¡Qué placer! Intento que mi corazón vuelva a un pulso acompasado lo antes posible al tiempo que observo lo rápido que hemos subido. Ya estamos muy por encima del nivel de la carretera que transcurre ahora justo frente a nosotros. Por suerte pronto llegamos a unas brañas donde la subida se atempera. Aunque ninguno de nosotros lo sabemos todavía, se trata de un punto clave porque allí nace la pista que va más directa a la ermita de la Magdalena. En lugar de seguir por esta ruta lateral optamos por subir más hasta que, llegados a una nueva bifurcación, decidimos ir a lo más alto por una dura pista con nieve hasta casi la rodilla. Doble error: a la dureza de la subida hay que añadir ahora la nevada que nos obliga no sólo a ir lentos sino a emplearnos a fondo. Tendremos que abrir huella un buen trecho. A nuestra izquierda hay otras que desconozco. He visto muchas y por el tamaño llego a pensar (lo que me confirmará al día siguiente Antonio, guarda de Muniellos) que son de oso. Sólo por este hecho, merece la pena haberse equivocado. Eso sí, al llegar arriba, Peña Cimera, somos conscientes del error aunque recuperar la pista nos cuesta poco. Ya podemos apreciar el camino que por todas las cimas nos irá llevando a Cangas. Así iremos a partir de ahora, viendo a uno y otro lado los dos valles que confluyen allí, un maravilloso y cómodo final que nos ayudará a terminar sin sobresaltos nuestro CUT. Un descanso en la pequeña pero coqueta ermita, algo de comida, un sorbo de agua, alguna foto,… No le digo nada a Prisillas pero descubro un segundo error que agrava el haberme olvidado los bocatitas: tengo bastante sed, poca agua, y las sales están mal disueltas y agravan mi deshidratación. Nos quedan más de veinte kilómetros y lo voy a pasar mal porque del pilón de la Magdalena no brota agua. De un modo u otro Josema se da cuenta de mis problemas porque me pregunta si no me gusta la ruta. Le digo que sí (¡no me va a gustar ir por estos valles tan salvajes!) pero voy tan concentrado en mi boca, cada vez más pastosa y empalagada, que no soy capaz de disfrutar del paisaje como mereciera. Con gusto me bebería lo que me queda de agua de un trago pero la dosifico hasta el final: un vaso de agua en los próximos veinte kilómetros. Voy sopesando qué me llevaré el día 19, cambiando mi estrategia y pensando en utilizar la camelback, aunque no me guste, para no tener serios problemas. No es extraño que Prisi se dé cuenta de que estoy a otras cosas. Es un 'killer' y detecta siempre en carrera cuando algo no va bien.

Estamos llegando al Pico Cuervo. Poco antes nos paramos cerca de unas lagunillas colmatadas donde se ven varias huellas. Esta vez no hay duda: son de oso. Elijo la más nítida y hago una foto. Me parece increíble que en pleno siglo XXI salgas a correr atravesando un lugar por el que varios osos han andado merodeando. Por un momento me siento trasladado a otra época y creo estar viviendo algo único, una auténtica aventura.

Es curioso pero a medida que asumes una situación esforzándote en minimizar los inconvenientes sin dejar que tus temores hagan crecer el disgusto exponencialmente, consigues hacer de la excepción la rutina y logras que las dificultades sean más llevaderas. Y eso mismo me está pasando. Avanzamos rapidísimo por una interminable pista en la que los kilómetros van cayendo ahora de forma vertiginosa. Aplico mi rutina en las largas distancias. Disminuyo al mínimo los esfuerzos pero corro siempre que sea posible. Ambos tenemos buen ritmo y eso ayuda más todavía a avanzar. Hace apenas unos metros estaba sufriendo por lo que quedaba mientras que ahora ya estamos pensando en no perdernos antes de entrar en Cangas. No sería muy distinto aunque la entrada no tendría el aire triunfal de ahora: llueve pero, como una puñalada certera, entramos en minutos de lleno en la ciudad. La gente nos mira con caras de asombro: ¿de dónde salen estos con tanto barro? Y pienso que en tres semanas seremos nueve los que podamos disfrutar de este momento con mayor asombro y más extrañeza de las gentes que se preguntarán al ver tan nutrido grupo de corredores en qué habrán gastado eso Locos sus esfuerzos.

5 de mayo de 2012

Tres semanas de infarto....


La verdad es que puedo decir sin temor a equivocarme que he vivido tres semanas muy intensas en lo que se refiere a esta afición corredora que raya casi en la vigorexia.
En tres fines de semana he competido, primero, en una carrera como la de Colmenarejo, que considero rápida para mis características y  últimos entrenamientos más montañeros; otra, la de Muniellos,  plenamente de montaña con fuertes subidas y vertiginosas bajadas; y en un maratón por los montes de Cangas de Narcea con el simple  objetivo de disfrutar de la siempre amena compañía de Prisillas.
A la primera no pensaba ir porque me encontraba en plena preparación para el CUT  y carecía de la velocidad suficiente para una carrera de diez kilómetros en la que había que correr por debajo de los cuatro minutos el kilómetro para acercarse a los primeros puestos en mi categoría. Por eso y con urgencia, intenté los días previos a Colmenarejo buscar un entrenamiento más alejado del monte y con zonas más llanas donde poder mejorar mi velocidad. Contento porque no me encontré mal a esos ritmos y con la incógnita de cómo me respondería el cuerpo el día de la carrera acudí allí con la esperanza de hacer un buen papel. Marcos me había dicho que tenía posibilidades y reconozco que me entró el gusanillo de la competición, olvidado ya hacía muchos meses y minimizado por el fiasco de no poder haber competido en Palacios del Sil.
De la carrera sólo puedo decir que sufrí muchísimo aunque no llegué a ir ‘desbocado’ en ningún momento gracias a que tomé una buena referencia en un par de corredores jóvenes con los que fui casi de principio a fin. Les recortaba en las subidas pero se me iban un poco en los llanos y las bajadas. Un hecho que me animó mucho es ver que no perdía casi ningún puesto en todo el trayecto y que en alguna ocasión se compensaban con los que íbamos pasando. Acabé tan contento que pensé que tenía alguna posibilidad de podium por lo que, a diferencia de la Marmota, decidí esperar para no quedarme sin subir al cajón. Y esperé… y esperé… y esperé… tanto que me cansé y decidí que, visto que un problema informático había retrasado todo, se me hacía tarde y tenía que volver a Villalba. Eso sí, esta vez, gracias a Jose Berrocal que se ofreció a avisarme en caso de que hiciera podium, conseguí volver a tiempo para estar allí. Incluso le perdoné al broma de decirme que había quedado cuarto lo que me hizo pensar que me estaba convirtiendo en el rey del casi tercero o casi cuarto, puestos en los que he finalizado unas cuantas carreras.
No acababa de terminar los diez kilómetros de Colmenarejo y ahora el problema era que las dós últimas semanas las había empleado en mejorar mi velocidad y la carrera de Muniellos, a la que me apunté gracias a la insistencia de Justo para que lo hiciera, era plenamente de montaña. Ésta sí era una carrera para mis características pero dudaba de si los entrenamientos cortos y veloces me restarían fuerza en las subidas y lo notaría en los kilómetros finales. Tampoco me preocupaba mucho porque pensaba que mi categoría era la de más de 45 años con lo cual tendría pocas posibilidades de acercarme a los primeros puestos. Por fin disfrutaría de un ‘paseo’. Como además era la primera carrera de montaña de mi amiga Conchita de Somiedo, llegué a pensar hacerla con ella para servirle de liebre. Tampoco se lo dije porque me conozco y en cuanto veo una cuesta el subidón de endorfinas hace que me olvide de promesas, puestos, ritmos pausados,… Mejor actuaría por sensaciones. Perdón si me alargo pero estamos hablando de monte y aquí cualquier sufrimiento (y vaya si lo hay) lo minimiza el placer verdaderamente salvaje (en el sentido de ‘primitivo’) de estar haciendo algo al alcance de unos pocos. Ver una rampa casi vertical y que no te tiemblen ni las piernas ni el ánimo, poder distinguir las mil variedades del barro y experimentar sus texturas, sentir el riesgo de bordear un precipicio sin tener tiempo de tener miedo, pasar de la lluvia al frío y de ésta a la niebla sin olvidarse del calor intenso de unos rayos de sol despistados entre tanta nube, lanzarte por taludes pedregosos y resbaladizos que ponen a prueba tus tobillos y tu sentido del equilibrio,.. Tu propio corazón desbocado e indómito poniendo a prueba tu capacidad de domino. Adrenalina en estado puro. Si a eso le añadimos que Ivan, el hijo de Justo, me confirma mi equivocación con respecto a las categorías y que existe la de VET-B de más de cincuenta años, tenemos la combinación perfecta para que decida automáticamente apuntarme a esta guerra. Y es ahora cuando comienzan las estrategias. Estamos apunto de comenzar y recuerdo lo dicho por Mikel semanas antes: el nivel de esta zona es alto. Vaya pinta que tiene la gente. Se ven miembros de clubes de la zona. Decido al momento. Empezaré con calma las primeras rampas que, según me ha comentado el Mudo, se pueden hacer rápido pero cargan mucho las patas, y luego funcionaré por sensaciones sin mirar el Fore. Primer susto: lo del petardo de salida no es un petardo, es un volador de los de Cangas: tienen hasta onda expansiva.
Recorro los continuos tobaganes con calma y pasando poco a poco corredores. Antes de salir me he fijado en los posibles veteranos pero he visto que ninguno ha salido rápido por lo que me dejo llevar sin forzar en exceso. Pasado ya un par de kilómetros llego a la altura de Iván e intercambiamos posiciones un rato hasta que viene la primera rampa fuerte de un kilómetro. Ya no lo veré más hasta la meta. Confundo esta cuesta con la más dura del recorrido (tres mil metros de subida empinada y continua) y veo con satisfacicón que paso a corredores más jóvenes que yo: me uno a dos de ellos a los que he pasado en el llano pero que me pasan en las bajadas. No sé qué tienen en las zapatillas los asturianos pero ellos no resbalan y yo he tenido dos sustos que me han valido para calmarme un tanto y dejar que se distancien cuesta abajo. Prefiero perder unos metros que llevarme un buen golpe que me deje tirado. Queda para otra ocasión el entrenarme mejor en las bajadas embarradas. Estoy pez por completo.

Y llega la hora de la subida de verdad: una pista casi veritcal culminada por un último tramo de senda infernal. Descubro una característica también de los asturianos. Da igual si la rampa es dura o durísima. Echan a andar relativamente rápido pero también vuelven a correr en cuanto recuperan el resuello por mucho que la cuesta pique hacia el cielo. Pues nada, nunca es tarde para aprender: si tú corres yo corro. Me da muchos ánimos ver que  dejo mis referentes atrás poquito a poco. Hemos pasado unos bosques preciosos llenos de vida y casi salvajes hasta llegar al Montecín donde el paisaje se abre y el aire frío nos obliga a acelerar el paso. Bajada casi vertical de más de dos kilómetros y subida de otros dos hasta un repetidor desde donde bajaremos de nuevo siempre por rampas fuertes que me cargan las piernas y me obligan a dejar pasar a los corredores que distancio en las subidas. La tendencia es favorable por lo que cada vez me cuesta más mantener posición entre tanto joven. De aquí a meta perderé  mi mejor posición, la 23, hasta la descolgarme a la 27 a pesar de haber pasado a cuatro corredores. El último kilómetro es una bajada preciosa por pleno bosque, que no puedo llegar a disfrutar del todo porque uno de los cordones de las Trabuco se ha desatado por completo. No me gusta el nuevo modelo porque le ocurre esto a pesar de hacerle doble lazada. No me paro porque viene gente detrás cerca y son varios. No estoy dispuesto a ceder un puesto más a estas alturas y veo gente delante que puedo coger antes de Meta. Pienso que el único peligro es el barro. Me puedo quedar sin la zapatilla si me hundo en él. Casi en el final un corredor pretende pasarme pero no sólo no me preocupa sino que hago un esfuerzo por alcanzar al que va delante que entra por poco antes que yo. Lo mejor, he acabado con mucha fuerza gracias a mis reservas iniciales. Habrá que aplicar la táctica en otras ocasiones y salir más relajado.
Cuando termino sé que he hecho un buen puesto porque el corredor con el que he ido casi toda la carrera me comenta que cree que podemos tener trofeo pensándose que estoy en su categoría (VET-A). Se queda alucinado cuando le comento que yo soy de la de VET-B y casi me asegura que estoy en el podium. Para mí fue una verdadera alegría haber conseguido ganar en montaña después de tanto tiempo y más hacerlo en Muniellos. Sé que a Prisi le gustará que uno de sus 'cachorros' triunfe allí. Puede decir bien alto que algo de culpa tiene en ello.
Para otra entrada dejo mi medio CUT y mi tercera semana. Prometo que mostraré por qué lo hemos calificado como 'la senda del oso'.

4 de mayo de 2012

Los dos Pepes

Despacito, pero llegando, no os creáis que me había olvidado de vosotros, que también os guardo unas pocas letras de las que me llenan y enloquecen. Pepe Despacio y Pepe Ppong, queridos amigos de la montaña nevada, la hierba fresca, los riachuelos ruidosos y la tierra seca o mojada, os deseo uno y mil años más de hermosa y eterna felicidad.

A Pepe Despacio:

Madrugada

Has recorrido
en madrugada insomne
cada uno de tus infiernos.

Callas. Vociferas
y callas
en tres tiempos
que son uno
en trinidad
de absoluto silencio.

Te desdices
y te acabas
lentamente y lentamente.

Eres pasto
de un Dios ciego
que te roe
en seco sabor de hueso.

Margarita Carrera

A Pepe Ppong:

Noria de noches

Otros sufren de hambre o padecen prisión 
o viven con vergüenza o con humillación 
o rumian una culpa o aguardan un perdón.

Yo llevo este secreto que va en mi corazón.

Otros están enfermos y se sienten morir 
o elaboran de noche la manera de huir 
o fatigan las calles sin saber dónde ir.

Yo guardo mi secreto y no puedo dormir.

Otros en la miseria callan con estupor 
o en la tortura aprietan los dientes y el honor 
o solitarios llenan las calles de dolor.

Yo me entro en el silencio con la palabra amor. 

Felix Grande